¿Por qué las huellas de los astronautas pueden durar millones de años en la Luna?
No hay viento ni lluvia que las borre
Solo impactos de micrometeoritos y movimientos del suelo alteran lentamente el regolito en ausencia de atmósfera y agua líquida. La precisión es esencial en este caso: «No hay viento ni lluvia que las borre» designa el fenómeno, la magnitud o el concepto definido, y no una aproximación de significado parecido.
En ciencia, una denominación resulta útil porque resume observaciones que pueden describirse y compararse. «No hay viento ni lluvia que las borre» señala aquí una relación concreta entre causas, condiciones y efectos. Precisar esos elementos evita confundir fenómenos parecidos y permite aplicar la misma idea a casos nuevos. Por eso importan tanto la definición como el mecanismo que la sostiene: ambos convierten un término breve en una explicación comprobable. Al considerar «No hay viento ni lluvia que las borre», considerar todos esos elementos permite comprender su alcance sin separar el nombre de lo que representa. Con «No hay viento ni lluvia que las borre» queda identificado de forma precisa el caso tratado.